Menú para apps de reparto y carta de sala: mismos platos, distinto diseño
Por qué el menú de una app de reparto no debe copiar la carta de sala: qué platos incluir, cómo escribir para pantalla, fotos, precios con comisión y categorías.

Una carta leída en la mesa es una conversación con un camarero cerca, una sala que huele a cocina y una espera que el cliente ya ha aceptado. Un menú leído en una app de reparto es una lista que se recorre con el pulgar, frente a treinta competidores, por alguien que tiene hambre ahora y decidirá en noventa segundos. Los platos pueden ser idénticos; el documento no. Este artículo repasa lo que cambia entre la carta impresa y la ficha de la app: qué platos incluir, cómo escribirlos, fotografiarlos y ponerles precio, y cómo mantener ambas versiones alineadas sin llevar dos cocinas.
No todos los platos viajan
La primera decisión de diseño es editorial: recortar. Un suflé, un pescado con la piel crujiente sobre su puré, una ensalada aliñada en cocina, un arroz que hay que comer a los cuatro minutos de salir de la paella: estos platos dañan su reputación cuando llegan tras 35 minutos en una caja. Los restaurantes que hacen bien el reparto suelen listar el 60-70 % de la carta de sala y añaden dos o tres platos pensados para el transporte: un guiso, un bol de arroz, un bocadillo que mejora al reposar.
Pruebe cada plato con honestidad. Envuélvalo como para un repartidor, déjelo 30 minutos en el pase, ábralo y cómaselo. Si no lo serviría, no lo liste. El cliente no culpa al repartidor ni a la caja; culpa al restaurante, en una reseña que se queda en línea.
Escribir para un pulgar, no para una mesa
En la carta impresa el nombre de un plato puede ser corto y evocador porque el camarero completa el resto. En la app, el nombre y la primera línea de la descripción son todo lo que el cliente ve antes de tocar. Glovo y Uber Eats truncan los nombres en torno a los 40 caracteres y las descripciones en torno a los 100 en la vista de lista; Just Eat se comporta igual. Escriba nombres que identifiquen el plato en las cuatro primeras palabras y descripciones que respondan a las tres preguntas de casa: qué lleva, cuánto es, con qué viene.
- En sala: «Pollo, estragón, patata nueva.» En reparto: «Medio pollo asado con jugo de estragón y patatas nuevas al horno, ración generosa para 1.»
- En sala: «Burrata, tomates, aceite de albahaca.» En reparto: «Burrata (125 g) con tomates de temporada y aceite de albahaca. Pan incluido.»
- En sala: «Tiramisú.» En reparto: «Tiramisú, ración individual, contiene alcohol y huevo crudo.»
Fuera la poesía, dentro la precisión. Indique peso o número de piezas cuando importe, porque «ración grande» no significa nada en una pantalla. Diga el nivel de picante con palabras, no solo con un icono. Y redacte las descripciones para la app en el mismo documento que la carta impresa, una al lado de la otra, para que un mismo plato nunca tenga dos nombres. El menú del día no viaja como tal: en la app se convierte en una categoría «Mediodía» con sus platos sueltos.
Las fotos: la tipografía de la app
En papel, la mayoría de las buenas cartas no tienen fotos; la tipografía y el blanco hacen el trabajo. En la app, las fotos son la maquetación. Las fichas con una foto por plato venden claramente más que las fichas sin fotos, y las plataformas las posicionan mejor. Fotografíe cada plato que liste sobre el mismo fondo, con la misma luz, desde el mismo ángulo, cuadrado o en 4:3 a 1200 píxeles como mínimo. Una tarde con un móvil, una ventana y una tabla blanca le da 30 imágenes aprovechables.
Fotografíe el plato tal como se comerá en casa, a ser posible en el envase real o en un plato liso, no con el emplatado de sala a base de pinzas y microbrotes. El cliente compara la foto con lo que llega; cuanto menor sea la diferencia, mejor la valoración.
Poner precios bajo comisión
Las plataformas retienen entre el 25 y el 35 % por pedido, y esa decisión se toma en el menú, no en la contabilidad. Hay tres políticas. Los mismos precios que en sala aceptando la pérdida de margen, que solo funciona si el reparto pesa poco en la facturación. Precios de reparto un 10-15 % más altos, que es lo que hacen la mayoría de los independientes y lo que los clientes aceptan en general. O un menú de reparto más corto construido sobre los platos de alto margen, que combina el recorte editorial con la economía.
Elija lo que elija, no muestre dos precios distintos para el mismo plato en canales que el cliente compara de un vistazo. Si cobra más en reparto, cambie los nombres que hacen la comparación trivial, o añada una línea en su web explicando que los precios de reparto incluyen las comisiones de la plataforma. La honestidad aquí no cuesta nada y evita la reseña de una estrella que empieza por «en la app cobran más».
Redondee para la pantalla. Los precios acabados en ,90 parecen manipuladores en una app donde el total se calcula delante del cliente; los euros enteros o los ,50 resultan más tranquilos. Y limite los extras: tres opciones bien elegidas venden más que un configurador de doce líneas.
Una estructura que la plataforma no le deja controlar
En papel controla el orden, la jerarquía y los blancos. En la app solo controla las categorías, su secuencia y los platos que contienen. Aprovéchelo. Ponga arriba una categoría con sus cinco platos que mejor viajan y más margen dejan, con un nombre honesto como «Los favoritos» o «Los más pedidos», porque la primera pantalla decide la mayoría de los pedidos. Quédese en seis u ocho categorías; un cliente que recorre doce títulos en un móvil abandona.
Los alérgenos van en los campos específicos de la plataforma, no en la descripción. El Reglamento 1169/2011 se aplica a la venta a distancia igual que a la mesa, y esos campos son la forma en que las plataformas muestran la información a los clientes que filtran. Mantenga su tabla de alérgenos en la misma hoja de cálculo que las descripciones y los precios para que todos los canales lean de una sola fuente.
Una fuente, dos menús
La manera práctica de mantener alineados sala y reparto es una única lista de platos con columnas por canal: nombre en sala, nombre en reparto, descripción corta, descripción larga, precio en sala, precio en reparto, códigos de alérgenos, archivo de foto, disponibilidad. La carta impresa es una vista de esa lista; la app es otra. Cuando cambia un precio o un plato, modifica la fila y actualiza la carta y la app la misma tarde.
Menu Atelier parte de la misma idea: pega sus platos una vez, con precios y descripciones, y la IA maqueta la carta impresa, en A4 o A5, hoja única o díptico, con vista previa en 3D antes de descargar el paquete listo para imprenta o encargar ejemplares impresos. La lista de platos que construyó para la carta es la que exporta para rellenar los paneles de las plataformas, de modo que los dos menús nacen de las mismas palabras.