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Errores de texto en la carta: erratas, incoherencias y la epidemia de mayúsculas

Los errores de texto que hacen que una carta parezca más barata que la cocina: platos mal escritos, mayúsculas a voleo, precios incoherentes, y la regla que los evita.

Un cliente que descubre "ensalada Ceasar" en su carta le perdona. Un cliente que después ve "expreso", "mozarella", un entrante a 9,50 y otro a 9.5, y una sección en la que Cada Palabra Lleva Mayúscula, ya no perdona nada; concluye que en este restaurante nadie mira las cosas de cerca y se pregunta si eso vale también para la cocina. Los errores de texto cuestan poco de corregir y mucho de dejar. Este artículo cataloga los que aparecen en casi todas las cartas, explica por qué surge cada uno y da la regla que lo evita.

La epidemia de mayúsculas

El problema más extendido es la mayúscula en cada palabra, importada de las cartas anglosajonas: "Pulpo A La Brasa Con Pimentón Ahumado Y Patatas Nuevas". Nace de la idea de que las mayúsculas dan importancia. Dan aspecto de titular de periódico, y una página de titulares ya no tiene jerarquía. En español la regla es nítida: mayúscula en la primera palabra del nombre del plato y en los nombres propios, nada más.

Los nombres propios incluyen lugares, denominaciones protegidas y marcas (Jabugo, Padrón, Idiazábal, Rioja como vino), pero no los ingredientes que suenan nobles: el manchego como genérico, el vinagre de jerez, la ensalada césar van en minúscula. Los gentilicios y adjetivos derivados van en minúscula: a la gallega, a la riojana, a la bilbaína. Un error habitual es "a la Gallega" con mayúscula, que en español no tiene justificación.

Variante: la mayúscula aleatoria en mitad de la línea. "Tartar de ternera, alcaparras, Chalota" delata que dos personas editaron la misma línea en momentos distintos. Cuando encuentre una, relea toda la sección; siempre hay más.

Las faltas que cometemos todos

El vocabulario culinario está lleno de palabras prestadas y la misma docena se escribe mal en cartas de toda Europa. Imprima esta lista y contraste su carta.

  • César o Caesar, no Ceasar. Espresso o exprés, no expreso ni expresso. Mozzarella con dos z y dos l. Bruschetta, no bruscheta. Prosciutto con dos t. Gnocchi, no ñoquis y gnocchi mezclados en la misma carta.
  • Crème brûlée con sus dos acentos; crème fraîche; chèvre; hollandaise, béarnaise, béchamel: las salsas con nombre francés siguen la ortografía francesa también en una carta española.
  • Las tildes en mayúsculas: "MENÚ", "Ñ", "Ají". La ausencia de tilde en mayúscula es una falta, no una licencia, y un lector atento la ve en cada título de sección.
  • Whisky para Escocia y Japón, whiskey para Irlanda y Estados Unidos: si lista ambos, escriba cada uno correctamente. Rosé con acento si lo escribe en francés, o rosado en español, pero no ambos en la misma carta.

La puntuación también tiene reglas: signos de apertura en preguntas y exclamaciones (¿Alergias? ¡Pregúntenos!), sin espacio antes de los dos puntos ni del punto y coma, y el apóstrofo tipográfico (') en vez del recto (') si la fuente lo tiene. El plural de los extranjerismos crudos suele mantenerse en cursiva e invariable, o se adapta (los cruasanes); elija una vía.

El formato de los precios: un sistema, todas las líneas

Los precios son el texto más leído de la carta y el más a menudo incoherente. Mezclas frecuentes en una misma carta: 12 y 12,00; 9,50 y 9.5; 14 € y €14 y 14€; el símbolo del euro en unas líneas y no en otras. Cada una es minúscula; juntas señalan descuido.

Decida tres cosas y aplíquelas en todas partes. Primero, el separador decimal: en español es la coma (9,50), nunca el punto, incluso en una carta bilingüe donde los precios siguen al idioma principal. Segundo, si mostrar decimales: los euros enteros (12, 14, 18) se leen con más calma y responden al uso actual; si necesita los 50 céntimos, entonces todos los precios muestran dos decimales (12,00, 14,50). Tercero, el símbolo: o el signo € tras el número con un espacio (12 €), o ningún signo y una sola línea al pie de la carta: "Precios en euros, IVA incluido". El símbolo en cada línea estorba en la columna sin añadir nada. El menú del día merece el mismo formato que la carta.

Unidades, números y abreviaturas

La misma disciplina vale para todo lo numérico. Elija una forma para cada caso y anótela en su hoja de estilo.

  1. Pesos: 200 g con espacio y sin punto, no 200g, 200 gr ni 200 grs. Los pesos de los chuletones son el lugar clásico donde encontrar tres formas en una página.
  2. Volúmenes: 12,5 cl o 125 ml, no ambos; las medidas de las copas en la carta de vinos todas en la misma unidad.
  3. Tiempo: 48 h o 48 horas, 24 meses de curación en todas partes, pero no 48h en una línea y 36 horas en la siguiente.
  4. Números en letra o en cifra: las cantidades pequeñas en letra (dos huevos, tres quesos) y las medidas en cifra (200 g, 36 meses). Mezclar "2 huevos" y "tres quesos" en la misma sección chirría.
  5. Abreviaturas: elimínelas de la línea del plato. "C/" por con, "verd." por verduras y "pat." por patatas pertenecen a la hoja de mise en place, no a la carta del cliente.

Incoherencia de estructura, no solo de ortografía

La incoherencia estructural es más difícil de ver que una errata e igual de visible para el lector. Dos platos en la misma sección: uno con descripción, otro sin ella. Una descripción que termina en punto, la siguiente sin él. Un plato que separa sus ingredientes con comas, el siguiente con puntos medios. Un título en versalitas, el siguiente en negrita.

La solución es la línea modelo. Escriba un plato en su forma definitiva y copie su estructura para todos los demás: nombre, después descripción (o nada), mismo separador, misma puntuación final, mismo orden (ingrediente principal primero, guarnición al final). Decida si las descripciones terminan en punto y aplíquelo a todas; la convención de las cartas compuestas profesionalmente es sin punto para los grupos nominales y con punto para las oraciones completas.

Vigile también el plato huérfano: una sección con un solo elemento, normalmente un resto de un cambio de carta. Fúndalo con una sección vecina o dele compañía.

Cómo los errores sobreviven hasta la imprenta

Los errores persisten porque quien escribió la carta es quien la revisa, y porque la revisión ocurre en pantalla al final de un servicio. Tres hábitos rompen el patrón. Revisar en papel, al tamaño de impresión, con bolígrafo. Pedir a alguien que no la escribió que lea cada palabra en voz alta, despacio, precios incluidos. Mantener una hoja de estilo de una página (mayúsculas, formato de precios, unidades, tildes, abreviaturas prohibidas) para que el próximo cambio de carta no reintroduzca los mismos problemas.

Los correctores ortográficos ayudan menos de lo esperado: marcan guanciale y dejan pasar "expreso". Un diccionario de términos gastronómicos vale más que el subrayado rojo.

Errores pequeños, mensaje grande

Ninguno de los errores anteriores cambia lo que llega al plato. Todos cambian lo que el cliente espera que llegue. Una carta con mayúsculas coherentes, tildes correctas, un solo formato de precio y una sola estructura por línea no parece impresionante; parece que nadie tuvo que pensar en ella, que es exactamente el efecto que busca.

En Menu Atelier el formato de los precios, el separador decimal y la posición del símbolo € se fijan una vez por carta y se aplican a cada línea, de modo que una carta no puede mezclar 9,50 y 9.5; al pegar sus platos, las mayúsculas y los separadores se normalizan según una sola convención, y puede corregir cualquier línea antes de exportar los archivos de imprenta.

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