Carta de tés: orígenes, infusión y una tipografía más serena
Cómo diseñar una carta de tés que venda algo más que un té negro con leche: familias, orígenes, tiempos de infusión, cuerpo de letra y precios de tetera sin saturar la página.

En la mayoría de los restaurantes el té es una nota a pie de página: tres bolsitas listadas debajo del café, a 3 €, que nadie mira. Sin embargo, una carta de tés bien escrita tiene márgenes comparables a los del vino, apenas roba tiempo a la cocina y es justo lo que un cliente quiere después del postre o a las cinco de la tarde. Este artículo explica cómo organizar la carta, qué contar de cada té, cómo mostrar los datos de infusión sin convertir la página en una ficha de laboratorio y qué decisiones tipográficas hacen que una carta de tés parezca pausada y cuidada en lugar de apresurada.
Agrupar por familia, no por orden alfabético
Los clientes no conocen nombres de tés; conocen sus gustos. Quien prefiere una taza ligera y herbácea la encontrará antes bajo el epígrafe Tés verdes que en una lista que empieza por Bai Mu Dan y acaba en Yunnan Gold. Seis familias cubren casi cualquier carta: blancos, verdes, oolong, negros, oscuros (pu-erh) y, por último, infusiones. El matcha y el chai pueden ir dentro de verdes y negros, o tener su propio bloque pequeño si vendéis mucho.
Ordenad las familias de la más ligera a la más intensa, igual que una carta de vinos va de los espumosos a los tintos. La página gana una dirección de lectura natural y reproduce la forma en que un camarero con criterio guiaría al cliente. Dejad las infusiones al final: son la opción sin teína y quien las necesita bajará la vista hasta abajo de todos modos.
Quedaos entre 12 y 20 referencias. Más allá, la página se convierte en catálogo y la despensa se llena de latas que pierden aroma. Una carta corta con un ejemplo excelente por familia vende más que una larga con cinco verdes mediocres.
Qué decir de cada té
Una línea de té necesita tres cosas: un nombre que el cliente pueda pronunciar, un origen y una frase de sabor. El nombre es el comercial que usáis de verdad, en su idioma original si así se vende (Sencha, Darjeeling, Tie Guan Yin), con un descriptor breve en castellano cuando el nombre por sí solo no dice nada. El origen es región y país, nunca solo el país: Uji en vez de Japón, Nilgiri en vez de India.
La frase de sabor es donde fallan casi todas las cartas. Evitad el amontonamiento de notas de cata copiado del vino. Bastan dos o tres palabras concretas: arroz tostado y alga; miel, albaricoque, un punto ahumado; heno recién cortado y pepino. Escribid para alguien que nunca ha probado ese té, no para un sumiller.
- El nombre en el idioma con que se vende, más un descriptor breve cuando haga falta
- Región y país de origen; cosecha o grado solo si cambia algo de verdad para el cliente
- Dos o tres palabras de sabor que un principiante reconozca
- El nivel de teína en una palabra (sin, baja, media, alta), no una cifra en miligramos
Los datos de infusión sin la ficha técnica
Hay que indicar temperatura del agua y tiempo de infusión. Demuestra que os tomáis el té en serio y protege al cliente de una taza amarga si la tetera llega con reloj de arena o con agua caliente para rellenar. El error es formatearlo como una especificación: 80 °C / 2:30 / 3 g en negrita junto a cada línea deja la página con aspecto de manual de electrodoméstico.
Componed esos datos en un cuerpo menor que la descripción, en un peso más ligero o en un color atenuado, en su propia línea o al final de la frase de sabor. Usad unidades coherentes: grados Celsius con el símbolo, minutos escritos como 2–3 min y no 2:30. Si casi todos los tés de una familia comparten parámetros, indicadlos una vez bajo el título de la familia (Verdes: 75 °C, 2–3 minutos) y anotad solo las excepciones. Esa única decisión puede quitar treinta fragmentos repetidos de la página.
Teteras, tazas y segunda infusión
Decid qué recibe el cliente. Una tetera individual (unos 35 cl) y una para compartir (70 cl o más) son dos precios y dos experiencias distintas. Si ofrecéis una segunda infusión de las mismas hojas sin coste, algo que los buenos oolong y los pu-erh agradecen, ponedlo en una sola línea al principio de la sección: es un gesto generoso y una razón para elegir el té más caro.
Precios y forma de la columna
El té tiene una horquilla de costes muy amplia: un negro de supermercado cuesta unos céntimos por tetera, un Darjeeling de primera cosecha o un gyokuro de concurso puede costar entre 1,50 € y 3 € por servicio. La carta debe reflejarlo con un abanico de precios, normalmente de 4 € a 12 € la tetera en una ciudad europea, de modo que el tramo medio sea la elección natural.
Componed los precios sin símbolo de euro en cada línea si la cabecera ya indica que los precios son en euros, y sin puntos de relleno. Los puntos arrastran la vista hacia la derecha y animan a comparar precios; un precio colocado a unos espacios de la descripción, en el mismo cuerpo, se lee como información y no como factura. Para dos tamaños, usad dos columnas estrechas con una cabecera de una palabra (tetera, para compartir) en lugar de escribir 5 € / 9 € tras cada té.
Una tipografía que frena la lectura
El té es la única sección de la carta en la que el cliente tiene tiempo. El diseño puede ser más lento: más blanco, una serif con ojo generoso para las descripciones, un cuerpo algo menor que el de la carta de platos (9–10 pt en vez de 10,5–11 pt) porque las líneas son cortas y el lector está cerca de la página. Componed los títulos de familia en versalitas o en peso fino en lugar de negrita pesada; una carta de tés no grita.
Aquí el interlineado importa más que el tamaño. Un interlineado de 1,4 a 1,5 veces el cuerpo, con 4–6 mm entre tés, da a cada entrada espacio para respirar. Si imprimís, un papel natural sin estucar (120–170 g, blanco cálido) le sienta al té mucho mejor que un estucado brillante, y una hoja A5 sencilla o una tarjeta estrecha en formato DL suele bastar para 15 tés.
No ilustréis cada té con un icono de hoja o de taza. Una sola imagen, o ninguna, es mejor que una fila de pictogramas. Si queréis ritmo visual, trazad un filete fino entre familias y dejad que el texto haga el trabajo.
Una carta de tés que se gana su propia página
Separad la carta de tés del café y los refrescos, bien como tarjeta aparte que se lleva con la carta de postres, bien como última página de la carta de bebidas. Los clientes que reciben una carta dedicada piden té mucho más a menudo que los que tienen que buscarlo bajo Bebidas calientes, y una tetera de oolong a 7 € pedida por dos personas al terminar el menú del día deja más margen que la mayoría de los postres.
En Menu Atelier una carta de tés encaja de forma natural con los estilos Sushi Zen o Café Chalk, y el formato A5 de hoja sencilla la mantiene compacta; podéis agrupar los tés por familia en el editor, colocar las notas de infusión como línea secundaria más ligera y revisar la tarjeta terminada en 3D antes de descargar los archivos listos para imprenta o pedirla impresa en cartulina de 350 g mate.