Traducir la carta de un restaurante: qué traducir y qué conservar
Un método para traducir la carta de un restaurante: qué nombres de platos se quedan en español, cómo explicar en vez de traducir, los falsos amigos y el brief al traductor.

Las peores traducciones de una carta no son las graciosas. "Octopus to the party" provoca una risa y una foto; el daño real lo hace una carta en inglés de aspecto competente que convierte el pan con tomate en "bread with tomato", el rabo de toro en "bull tail stew" y las migas en "crumbs", quitando a cada plato la razón por la que un viajero ha venido a comerlo. Traducir no es el objetivo. Que le entiendan sí lo es, y ambas cosas chocan a menudo. Aquí tiene un método que puede aplicar a su propia carta esta misma semana, tanto si la encarga a un profesional como si hace usted el primer borrador.
Empiece por decidir qué es nombre y qué es descripción
Cada línea de plato tiene hasta tres partes: un nombre, una descripción y un precio. Los nombres son nombres propios. Las descripciones son explicaciones. El error más común es traducir el nombre cuando había que conservarlo y añadir una descripción, o traducir la descripción palabra por palabra cuando había que reescribirla para un lector que no conoce su despensa.
Conserve el nombre original cuando el plato es una preparación reconocida con identidad propia: gazpacho, salmorejo, fabada, cocido, tortilla española, pulpo a feira, fideuà, escalivada. Incluso un cliente que nunca ha leído la palabra aprende algo útil: es una cosa concreta, no un guiso genérico. Después explíquelo debajo, en su idioma, en una línea llana.
Traduzca el nombre cuando es genérico y descriptivo en el original: "dorada a la plancha con limón" o "pollo asado con patatas" no gana nada quedándose en español. Tradúzcalo por completo y prescinda de la descripción si el nombre ya lo dice todo.
Explicar, no transliterar
Una buena descripción en otro idioma responde a tres preguntas por orden: cuál es el ingrediente principal, cómo está cocinado, con qué se sirve. "Slow-braised oxtail in red wine with potatoes" le dice a un visitante todo lo que "rabo de toro" no le dice. No necesita ser elegante. Necesita eliminar la duda.
Algunos ingredientes no tienen equivalente y no hay que forzarlo. El jamón ibérico no es "ham". El pimentón de la Vera no es paprika, o no solo. La morcilla no es "black pudding" exactamente. Conserve la palabra y dé al cliente la referencia más cercana en dos palabras: "pimentón de la Vera (smoked Spanish paprika)". El paréntesis es su aliado en una carta traducida, mucho más que en la original.
Cuidado con los falsos amigos que toda cocina produce. "Tortilla" es una omelette en España y una torta plana en México, y un turista americano lee lo segundo. "Entrée" es un entrante en Francia y el plato principal en Estados Unidos. "Peperoni" en italiano son pimientos; un turista lee embutido picante. "Jamón York" no existe en York. Cuando una palabra existe en ambos idiomas con significados distintos, traduzca rodeándola.
Lo que un turista necesita saber de verdad
Más allá de los platos, una carta traducida debe recoger las partes que un cliente local da por hechas y un visitante no. Son breves pero evitan las conversaciones incómodas al pagar.
- Cómo funcionan los precios: si el pan o el servicio se cobran, si el menú del día incluye bebida y postre, si los precios de las raciones para compartir son por plato o por persona.
- La lógica de las porciones: que las tapas son pequeñas y las raciones grandes, que la media ración existe, que un arroz suele pedirse para un mínimo de dos.
- Los horarios: si la cocina cierra a las 16:00, o si un arroz tarda 30 minutos, dígalo en la versión traducida, porque un visitante no puede preguntar al de la mesa de al lado.
- Alérgenos y dietas: los 14 alérgenos del Reglamento 1169/2011 deben ser comprensibles en cada idioma impreso, y la leyenda debe traducirse aunque los iconos sean los mismos.
El tono viaja mal
La voz juguetona que funciona en su idioma rara vez sobrevive a la traducción. Un juego de palabras con un término regional se convierte en un acertijo; una broma del chef se lee como un error. El tono más seguro para una carta en otro idioma es un punto más neutro que el original: cálido, preciso, sin dobles sentidos. Si su marca depende del humor, guárdelo en los títulos de sección y en la nota del chef, donde una traducción imperfecta no cuesta nada, y deje limpias las descripciones de los platos.
Resista también los adjetivos publicitarios. "Succulent", "delicious" y "mouth-watering" delatan una carta traducida por alguien a quien pidieron que sonara apetecible. La precisión es más apetecible que el elogio en cualquier idioma: "de anzuelo", "marinado 48 horas", "al horno de leña" dicen más que cualquier superlativo.
Dar instrucciones a un traductor, o revisar su propio trabajo
Un traductor profesional con experiencia gastronómica cobra en Europa occidental entre 0,10 y 0,18 € por palabra, lo que para una carta de 40 platos con descripciones suma de 60 a 150 € por idioma. Es una de las compras más baratas que hará jamás para su restaurante y dura años. Pero un traductor solo es tan bueno como sus instrucciones.
- Envíe la carta con una explicación de una línea para cada plato que lleva nombre en vez de descripción, con sus palabras, como se lo explicaría a un cliente en la mesa.
- Marque qué nombres deben quedarse en español y cuáles pueden renombrarse libremente.
- Indique el público: turistas británicos y americanos no son el mismo lector, y una carta de zona de playa no es una carta de barrio de negocios.
- Pida la entrega en el mismo orden y con la misma estructura que su archivo, línea por línea, para poder maquetarla sin adivinar qué descripción corresponde a qué plato.
- Haga que un nativo que conozca la cocina la lea una vez en papel, al tamaño de impresión, antes de mandarla a imprenta.
Si usa traducción automática para un primer borrador, trátela como un primer borrador. Hoy es buena con la estructura de la frase y sigue siendo floja con la despensa: llamará a una flor de calabacín "zucchini flower" para un lector británico y "pumpkin flower" cuando se confunda. Cada nombre de ingrediente necesita un ojo humano.
Una carta, varios lectores
Una carta traducida es un gesto de hospitalidad antes que un documento. El cliente que la lee ya está un poco perdido; cada línea que despeja una duda mejora la noche y afianza el pedido. Conserve los nombres que llevan identidad, explíquelos con sencillez, traduzca por completo los genéricos, incluya la información práctica que un local nunca necesita y deje que el tono se enfríe un punto.
En Menu Atelier cada plato puede llevar su nombre y su descripción en español, inglés, francés e italiano; escribe o pega las traducciones una vez y cada maquetación generada, desde el A4 de una hoja hasta el díptico A5, se exporta en cualquiera de los cuatro idiomas con el mismo diseño, los mismos precios y la misma leyenda de alérgenos.